El fortalecimiento de las familias: Nuestro deber sagrado.
Por el Élder Robert D. Hales
Del Quórum de los Doce Apóstoles
La clave para fortalecer a nuestras familias es hacer que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares. La meta de nuestras familias es estar en el camino estrecho y angosto.
Robert D. Hales, “El fortalecimiento de las familias: Nuestro Deber Sagrado,” Liahona, julio de 1999, 37.
El fortalecimiento de las familias es nuestro deber sagrado como padres, hijos, parientes, líderes, maestros, y miembros individuales de la Iglesia.
La importancia de fortalecer espiritualmente a las familias se enseña claramente en las Escrituras. Nuestro padre Adán y nuestra madre Eva enseñaron a sus hijos e hijas el Evangelio. Los sacrificios de Abel fueron aceptados por el Señor, a quién él amaba. Caín, por otro lado, “amó a Satanás más que a Dios” y cometió serios pecados. Adán y Eva “se lamentaban ante el Señor, por causa de Caín y sus hermanos,” pero ellos nunca dejaron de enseñar el Evangelio a sus hijos. (Véase Moisés 5:12, 18, 20, 27; Moisés 6:1, 58).
Debemos entender que cada uno de nuestros hijos viene con variados dones y talentos. Algunos, como Abel, parecen haber recibido los dones de la fe al nacer. Otros luchan con cada decisión que toman. Como padres, nunca debemos permitir que la búsqueda o la lucha de nuestros hijos nos hagan ceder o perder la fe en el Señor.
Alma hijo, mientras le “agobiaba este tormento… [y le] atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados,” recordó haber escuchado a su padre enseñar sobre la venida de “Jesucristo, un Hijo de dios, para expiar los pecados del mundo” (Alma 36:17). (Esta historia se encuentra en el Libro de Mormón). Las palabras de su padre lo condujeron hacia su conversión. De igual forma, nuestros hijos recordarán nuestras enseñanzas y testimonio.
Los 2,000 soldados jóvenes del ejército de Helamán testificaron que sus justas madres les habían enseñado de manera poderosa los principios del Evangelio (véase Alma 56:47-48).
En una época de gran búsqueda espiritual, Enós dijo: “Las palabras que frecuentemente había oído a mi padre hablar, en cuanto a la vida eterna… penetraron en mi corazón profundamente” (Enós 1:3)
En Doctrina y Convenios (uno de los libros de Escrituras mormonas), el Señor dice que los padres deben enseñar a sus hijos “a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años…
“Y también enseñarán a sus hijos a orar, y a andar rectamente delante del Señor” (D. y C. 68:25, 28).
A medida que enseñamos el Evangelio a nuestros hijos, mediante la palabra y el ejemplo, nuestras familias se fortalecen y fortifican espiritualmente.
Las palabras de los profetas vivientes son claras con respecto a nuestro deber sagrado de fortalecer a nuestras familias espiritualmente. En 1995 la Primera Presidencia y el Consejo de los Doce Apóstoles emitieron una proclamación para el mundo, declarando que “la familia es la parte central del plan del Creador para el destino eterno de Sus Hijos. … El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amar y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos… Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y en la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales, de enseñarles a amar y servirse el uno al otro [y] de guardar los mandamientos de Dios” (“La Familia: Una proclamación para el mundo,” Liahona, junio de 1996, pág. 10-11).
En febrero de este año, la Primera Presidencia emitió un llamado a todos los padres “para que dediquen sus mejores esfuerzos a la enseñanza y crianza de sus hijos con respecto a los principios del Evangelio, lo que los mantendrá cerca de la Iglesia. El hogar es la base de una vida recta y ningún otro elemento puede ocupar su lugar ni cumplir sus funciones esenciales en el cumplimiento de las responsabilidades que Dios les ha dado”.
En la carta de febrero, la Primera Presidencia enseñó que los padres pueden proteger a sus familias de los elementos corrosivos al enseñar y criar a sus hijos en los principios del Evangelio. Además, aconsejaron a los padres y a los hijos “a dar una prioridad predominante a la oración familiar, a la noche de hogar, al estudio e instrucción del Evangelio y a las actividades familiares sanas. No obstante lo valiosas y apropiadas que otras actividades pudieran ser, no se debe permitir que éstas desplacen los deberes divinamente asignados que solamente los padres y las familias pueden desempeñar en forma adecuada” (Carta de La Primera Presidencia, 11 de febrero de 1999; citada en el Church News, 27 de febrero de 1999, 3)
Con la ayuda del Señor y de Su doctrina, se pueden entender y sobrellevar todos los efectos nocivos que provengan de los desafíos que pueda enfrentar una familia. Cualesquiera sean las necesidades de los miembros de la familia, podemos fortalecer a nuestras familias siguiendo los consejos dados por los profetas.
La clave para fortalecer nuestras familias es hacer que el Espíritu del Señor more en nuestros hogares. La meta de nuestras familias es estar en el camino estrecho y angosto.
Se pueden realizar incontables cosas dentro de las paredes de nuestros hogares para fortalecer a la familia. Permítanme compartir algunas ideas que pueden ayudar a identificar las áreas que necesitan fortalecimiento en nuestras propias familias. Las ofrezco a modo de dar ánimo, sabiendo que cada familia –y cada miembro de la familia –es único.
• Hagamos de nuestros hogares un lugar seguro donde todos los miembros de la familia sientan amor y aceptación. Reconozcamos que cada hijo tiene diferentes dones y habilidades; cada uno es una persona que necesita amor y cuidado especiales.
• Recordemos que “la blanda respuesta quita la ira” (Proverbios 15:1). Cuando mi querida esposa y yo nos sellamos en el Templo de Lago Salado, el élder Harold B. Lee nos dio un sabio consejo: “Cuando elevan la voz con enojo, el Espíritu se aleja de su hogar.” Jamás debemos cerrar la puerta de nuestro hogar o cerrar nuestro corazón a nuestros hijos debido a la ira. Al igual que el hijo pródigo, nuestros hijos necesitan saber que cuando recapaciten pueden venir a nosotros para recibir amor y consejo.
• Pasemos tiempo con nuestros hijos individualmente, permitiendo que elijan la actividad y el tema de la conversación. Eliminemos las distracciones.
• Motivemos a nuestros hijos en su comportamiento religioso privado, en cosas tales como la oración personal, estudio personal de las Escrituras y el ayunar por razones específicas. Midamos su crecimiento espiritual observando su proceder, lenguaje, y su conducta hacia los demás.
• Oremos diariamente con nuestros hijos.
• Leamos las escrituras, juntos. Recuerdo a mi madre y a mi padre leyendo las Escrituras mientras nosotros nos sentábamos en el piso y escuchábamos. En ocasiones ellos hacían preguntas. “¿Qué significa ese pasaje para ustedes?” o “¿Cómo les hace sentir ese pasaje?” Luego ellos escuchaban lo que respondíamos con nuestras propias palabras.
• Leamos las palabras de los profetas vivientes y otros artículos inspiradores para los niños, los jóvenes y los adultos, en las revistas de la Iglesia (Mormona).
• Podemos llenar nuestros hogares con el sonido de música digna, cantando juntos del himnario y de Canciones para los niños.
• Realicemos la noche de hogar cada semana. A veces, como padres nos intimida el enseñar o testificar ante nuestros hijos. Me hallo culpable de ello en mi propia vida. Nuestros hijos necesitan que compartamos nuestros sentimientos espirituales con ellos y que les enseñemos y les demos nuestro testimonio.
• Llevemos a cabo consejos familiares para analizar los planes y los intereses de la familia. Algunos de los consejos familiares más eficaces son los que se hacen a nivel personal con cada miembro de la familia. Ayudemos a nuestros hijos a saber que sus ideas son importantes. Escuchémosles y aprendamos de ellos.
• Invitemos a los misioneros (mormones) para que enseñen a miembros menos activos o a personas que no sean miembros.
• Demostremos que sostenemos y apoyamos a los líderes de la Iglesia.
• Comamos juntos cuando sea posible, y sostengamos conversaciones sobre temas significativos a hora de la cena.
• Trabajemos juntos como familia, aun cuando pueda ser más rápido y más fácil hacer el trabajo nosotros mismos. Hablemos con nuestros hijos e hijas mientras trabajemos juntos. Yo tuve esa oportunidad cada sábado con mi padre.
• Ayudemos a nuestros hijos a aprender la forma de tener buenas amistades y de hacer sentir a sus amigos bienvenidos en nuestro hogar. Conozcamos a los padres de los amigos de nuestros hijos.
• Enseñemos a nuestros hijos por medio del ejemplo, a administrar su tiempo y sus recursos. Ayudémosles a aprender la auto-suficiencia y la importancia de prepararse para el futuro.
• Enseñemos a nuestros hijos la historia de nuestros antepasados y la historia de nuestra propia familia.
• Establezcamos tradiciones familiares. Planifiquemos y tomemos juntos vacaciones significativas, considerando las necesidades, los talentos y las habilidades de nuestros hijos. Ayudémosles a crear recuerdos felices, a mejorar sus talentos, y a edificar sus sentimientos de autoestima.
• Mediante la palabra y el ejemplo, enseñémosles valores morales y a tener la determinación de obedecer los mandamientos.
• Después de que fui bautizado y confirmado, mi madre me llevó a un lado y me preguntó: “¿Qué sientes?”. Yo le describí lo mejor que pude los cálidos sentimientos de paz, consuelo y felicidad que tenía. Mi madre me explicó que lo que sentía era el don que acababa de recibir, el don del Espíritu Santo. Me explicó que si vivía digno de él, tendría ese don conmigo. Ese momento de enseñanza ha permanecido conmigo durante toda mi vida.
• Enseñemos a nuestros hijos el significado del bautismo y de la confirmación, de recibir el don del Espíritu Santo, de recibir la Santa Cena, honrar el sacerdocio y hacer y guardar los convenios del templo. Ellos necesitan saber la importancia de vivir dignos de poseer una recomendación para el templo y prepararse para un matrimonio en el templo.
• Si aún no se han sellado en el templo con su esposa o hijos, trabajen como familia para recibir las bendiciones del templo. Establezcan metas para ir al templo, como familia.
• Hermanos, sean dignos del sacerdocio que poseen, y úsenlo para bendecir las vidas de los miembros de su familia.
• Dediquemos nuestros hogares, por medio del poder del sacerdocio de Melquisedec.
• Existen recursos disponibles fuera del hogar. El uso sabio de ellos fortalecerá a nuestras familias.
• Alentemos a nuestros hijos a servir en la Iglesia y en la comunidad.
• Hablemos con los maestros, entrenadores, consejeros, asesores y líderes eclesiásticos de nuestros hijos, con respecto a nuestras preocupaciones y las necesidades de nuestros hijos.
• Sepamos qué hacen nuestros hijos en su tiempo libre. Seamos una influencia en la elección de sus películas, programas de televisión y videos. Si usan la Internet, sepamos lo que estén haciendo. Ayudémosles a ver la importancia del entretenimiento sano.
• Alentémosles en sus actividades escolares que valgan la pena. Motive actividades escolares que valgan la pena. Sepamos qué estudian nuestros hijos. Ayudémosles con sus deberes escolares. Ayudémosles a darse cuenta de la importancia de la educación y de la preparación para trabajar y para ser autosuficientes.
• Mujeres jóvenes: Asistan a la Sociedad de Socorro cuando cumplan los 18 años de edad. Algunas de ustedes se pueden sentir reacias a realizar esa transición. Quizás teman no encajar en ella. Mis jóvenes hermanas, no es así. Hay mucho para ustedes en la Sociedad de Socorro. Puede ser una bendición para ustedes durante toda su vida.
• Hombres jóvenes: Honren el Sacerdocio Aarónico. Es el sacerdocio preparatorio, que los prepara para el Sacerdocio de Melquisedec. Actívense totalmente en su quórum de élderes cuando sean ordenados al Sacerdocio de Melquisedec. La hermandad, la instrucción en el quórum y las oportunidades de servir a los demás, los bendecirá a ustedes y a sus familias durante toda su vida.
• Todas las familias se pueden fortalecer en una forma u otra si se trae el Espíritu del Señor a nuestros hogares y enseñamos por medio de Su ejemplo.
• Actuemos con fe; no reaccionemos con temor. Cuando nuestros adolescentes empiecen a poner a prueba los valores de familia, los padres deben dirigirse al Señor para que les guíe en cuanto a las necesidades específicas de cada miembro de la familia. Es el momento para dar más amor y apoyo y reforzar las enseñanzas de cómo hacer elecciones. Nos llena de temor el dejar que nuestros hijos aprendan de los errores que cometan, pero su disposición a elegir la manera del Señor y los valores de la familia es mayor cuando la elección nace de ellos que cuando intentamos imponerles esos valores. El método de amor y aceptación del Señor es mejor que el de la fuerza y coerción de Satanás, especialmente al criar adolescentes.
• Recordemos las palabras del Profeta José Smith: “Nada tiene mayor efecto en una persona para inducirla a abandonar el pecado que llevarla de la mano y velar por ella con ternura. Cuando las personas me manifiestan la más mínima bondad y amor, ¡oh, qué poder ejerce aquello en mi alma; mientras que lo opuesto tiende a agitar todos los sentimientos ásperos y contristar la mente humana!” (Enseñanzas del Profeta José Smith, Selecciones de Joseph Fielding Smith [1976)],240).
• Aunque tal vez nos desesperamos cuando, después de todo lo que podemos, algunos de nuestros hijos se alejen del camino de la rectitud, nos pueden consolar las palabras de Orson F. Whitney: “Aunque algunas de las ovejas se descarríen, el ojo del Pastor está sobre ellas, y tarde o temprano sentirán los tentáculos de la Divina Providencia extenderse hacia ellas y traerlas de regreso al rebaño. Ellos volverán, ya sea en esta vida o en la venidera. Tendrán que pagar su deuda a la justicia; sufrirán por sus pecados y tal vez caminen por caminos espinosos; pero si esto finalmente los lleva, como al hijo pródigo, al corazón y al hogar de un padre amoroso que perdona, la dolorosa experiencia dolorosa no habrá sido en vano. Orad por vuestros hijos descuidados y desobedientes; manteneos cerca de ellos mediante vuestra fe. Continuad con esperanza y confianza hasta que veáis la salvación de Dios” (Orson F. Whitney, en Informe de la Conferencia-en inglés, Abril 1929, 110).
• ¿Qué sucede si son solteros o no han sido bendecidos con hijos? ¿Les debe preocupar el consejo referente a las familias? Sí. Es algo que todos tenemos que aprender en la vida terrenal. Los miembros adultos que no se han casado a menudo pueden ser una fortaleza especial para la familia, convirtiéndose en una tremenda fuente de apoyo, de aceptación y de amor a sus familias y las familias de aquellos a su alrededor.
• Muchos miembros adultos que son parientes, tienen responsabilidades similares a las de los padres. Los abuelos y las abuelas, tías y tíos, hermanos y hermanas, sobrinas y sobrinos, primos y otros miembros de la familia pueden tener un gran impacto en la familia. Quiero expresar mi aprecio por aquellos de mis parientes que me han guiado con su ejemplo y testimonio. A veces estos familiares pueden decir muchas cosas que los padres no pueden expresar sin que se inicie una discusión. Luego de una larga conversación de corazón a corazón con su madre, una mujer joven dijo: “Sería horrible decirte a ti o a papá que hice algo malo. Pero sería peor decírselo a mi tía Susan. No podría desilusionarla”.
Al saber que estamos en la vida mortal para aprender y desarrollar nuestra fe, debemos comprender que debe haber oposición en todas las cosas. Durante un consejo familiar en mi propio hogar, mi esposa dijo: “Cuando uno piense que alguien tiene una familia perfecta, es que, simplemente, no los conoces lo suficiente.”
Hermanos y hermanas, como padres, escuchemos la admonición, aún la reprimenda, dada por el Señor a José Smith y los líderes de la Iglesia en 1833 de “poner [nuestra] propia casa en orden” (D. y C. 93:43). “Os he mandado criar a vuestros hijos en la luz y la verdad (D. y C. 93:40). “[Pongamos] en orden a [nuestra] familia y [procuremos] que sean más diligentes y atentos en el hogar, y que oren siempre o serán quitados de su lugar” (D. y C. 93:50).
Los profetas de nuestros días nos han dado una amonestación y una advertencia similar a los padres para que pongamos a nuestras familias en orden. Ruego que podamos ser bendecidos con la inspiración y el amor de enfrentarnos a la oposición con fe dentro de nuestras familias. Entonces sabremos que nuestras pruebas son para acercarnos más al Señor y el uno al otro. Ruego que escuchemos la voz del profeta y que pongamos en orden nuestros propios hogares (véase D. y C. 93:41-49). La familia se fortalece cuando nos acercamos al Señor, y cada miembro de la familia se fortalece cuando nos elevamos y nos fortalecemos, nos amamos y nos cuidamos el uno al otro. “Elevadme y yo os elevaré, y ascenderemos juntos” (Proverbio cuákero)
Que podamos recibir y mantener el Espíritu del Señor en nuestros hogares para fortalecer a nuestras familias. Que cada uno de los miembros de nuestra familia pueda permanecer en el “estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna” (2 Nefi 31:18), lo ruego en el nombre de Jesucristo, amén.
El mensaje es edificante, hoy es día de reposo y tenia que discursar pero no prepare mi discurso. Estuve más ocupada tratando de hacer tareas de la escuela y no hice lo primordial. Este mensaje me ha hecho sentir que debo de esforzarme más en lo personal y en lo familiar se que no es fácil pero cuando se vive el evangelio tal como el Señor lo pide, tienes las armas con que combatir a la oposición, ruego a Dios que las personas que lean este discurso sientan lo mismo, el deseo de volver al Señor y tener una vida llena de gozo en este estado de probación.
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