Nuestras preciadas familias

Presidente Loren C. Dunn

del Primer Quórum de los Setenta

Loren C. Dunn, “Nuestras preciadas familias,” Ensign-revista en inglés, Nov. 1974, 9

¡Qué hermoso espíritu de paz ha instaurado en nosotros este Coro del Tabernáculo durante esta última canción! Es un honor estar esta mañana en esta conferencia, mis hermanos y hermanas, y recibir las instrucciones y dirección del profeta de Dios. Comparto mi testimonio de que el Presidente Kimball es un profeta de Dios y que actualmente es el administrador legal de Dios sobre la tierra, que aquellos que sigan las instrucciones y consejos que nos has brindado esta mañana llegarán a saber, a través de la experiencia práctica, que lo que nos ha dicho es verdadero y bueno para el fortalecimiento y sostén de la humanidad. El presidente Spencer W. Kimball es un profeta de Dios.

Quisiera utilizar como clave a mis comentarios una cita que el Presidente Kimball formuló en una ocasión previa y un tema al que él ha vuelto esta mañana. Él dijo: “La nación se ha construido sobre los cimientos de sus hogares y el hogar sobre sus familias”

La familia –la madre, el padre y los hijos– es la más antigua de todas nuestras instituciones y se yergue en los mismos cimientos de nuestra civilización. No puede haber nada más preciado o duradero que la familia. Sin embargo, es obvio que existe la necesidad para mejorar el papel de los padres en el marco familiar.

Recuerdo que hace algunos años estaba yendo a un viaje de trabajo al este de Canadá acompañado de un amplio rango de líderes de negocios y de la comunidad. Luego del trabajo del día, nosotros cenamos juntos; y durante el transcurso de la noche, a medida de que cada uno comenzaba a relajarse y familiarizarse, uno de los presentes, sin  ninguna razón aparente, comenzó a hablar sobre su hijo, un niño a quién obviamente él amaba muchísimo.  Sin embargo, hubo un conflicto e incluso cierto distanciamiento y él no estuvo muy seguro de qué hacer, si es que debería hacer algo.

Ese comentario provocó una respuesta similar de las otras personas que estaban sentadas alrededor de la mesa. Se podría decir que era algo de lo que no solían hablar, pero cada uno estaba preocupado sobre algún aspecto de su vida familiar y, eso estaba relacionado primordialmente con sus hijos.   

Aunque vivimos en un época de transición y cambio, creo que los padres están tan ansiosos y preocupados por sus hijos como siempre lo han estado. Entonces, si la familia es una unidad fundamental en la sociedad, quizás exista la necesidad de reafirmar algunos principios básicos.
Primero, que los padres reconozcan que tienen el derecho de moldear la actitud y conducta de sus hijos, no sólo el derecho sino la responsabilidad.

Segundo, que el principio del trabajo, el trabajo ético si lo desean, lo enseñen los padres dentro del marco familiar. ¿En qué otro lugar se debe enseñar la dignidad del trabajo si no es en el hogar?

Y, tercero, que los padres tienen el derecho de establecer el tono moral y espiritual en la familia, de tal manera que ayude a que los miembros de la familia se den cuenta de la importancia de vivir principios divinos como medio de cumplimiento y tranquilidad de espíritu. 
Primero, entonces, es el derecho de los padres de moldear la actitud y conducta de sus hijos. Fundamentalmente este es un derecho divino. Dios le dice a Abraham que ellos deben ser “una nación grande y fuerte,… porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18:18-19).  Dios pudo hacer de Abraham cabeza de una numerosa posteridad debido a su fidelidad en enseñar a sus hijos.

Hay algunos en el mundo quienes podrían decir que tales influencias paternas son represivas y privan al niño de su libertad, pero esto es totalmente opuesto a la verdad. Se escuchó por casualidad a un grupo de mujeres jóvenes hablando sobre los padres de una de sus amigas. Mostrando una madurez mayor que sus años, una de las jóvenes dijo: “Sus padres no la aman, le dejan hacer todo lo que ella quiere”. Las demás estuvieron de acuerdo.

En un artículo de la revista New York Times, resumido luego en Reader’s Digest, William V. Shannon estableció los siguientes puntos: “Los niños estadounidenses… están sufriendo de extensas fallas de sus padres. A través de sus palabras y acciones [dice él] muchos padres y madres aclaran que están casi paralizados por la incertidumbre…  Muchos padres están en conflicto en cuanto a cuáles son sus propios valores. Otros piensan que saben, pero les falta confianza para imponer disciplina a favor de sus valores… ”

Lo que falta, dice, no es más información sobre el desarrollo del niño, sino convicción. Aunque la herencia juega algún rol en el desarrollo del niño, la mayor influencia “depende de si los padres se preocupan lo suficiente de sus hijos para afirmar y defender los valores necesarios”. Asimismo, el autor dice que tanto la madre como el padre necesitan poner en primer lugar las responsabilidades de la familia y el hogar. “El criar a nuestro hijos es realmente la tarea más importante que la mayoría de nosotros alguna vez emprenderá”.

Él también declara que “los padres quienes no perseveran en criar a sus hijos de acuerdo a sus propias convicciones no están dejándolos ‘libres’ para desarrollarse por sí mismos. Al contrario, ellos están permitiendo que otros niños y que los medios, principalmente la televisión y las películas, hagan el trabajo”. (William V. Shannon, “What Code of Values Can We Teach Our Children? (¿Qué código de valores podemos enseñar a nuestros hijos?)”  Reader’s Digest-en inglés, mayo 1972, pp. 187–88.)

El mayor principio que se debe aprender dentro del marco familiar es el amor. Si los padres influenciaran, dirigieran y perseveraran con amor, entonces los miembros de la familia también harán de ese principio una parte de todo lo que ellos hagan. El principio del amor puede vencer muchos errores paternos en la crianza de sus hijos. Sin embargo, el amor no se debe confundir con la falta de convicción.

En segundo lugar, que se enseñe el principio del trabajo en la familia y dentro del hogar. Hay evidencia para apoyar que por lo menos en los Estados Unidos los problemas de estrés y tensión podrían estar relacionados con una disminución gradual del promedio de horas trabajadas por la fuerza laboral. La sugerencia es que el tiempo libre, no el trabajo, podría ser una causa principal de estrés y tensión en las personas.

Mientras que nosotros íbamos creciendo en una pequeña comunidad, mi padre vio la necesidad de que mi hermano y yo aprendiéramos el principio del trabajo. En consecuencia, él nos puso a trabajar en una pequeña granja donde él había crecido a las afueras de la cuidad. Él dirigía el periódico local, de manera que no podía pasar mucho tiempo con nosotros, excepto muy temprano por la mañana y por la noche. Esa era una gran responsabilidad para dos jóvenes adolescentes y, a veces nos equivocábamos. Nuestra pequeña granja estaba rodeada por otras granjas y un día, uno de los granjeros fue a ver a mi padre para decirle las cosas que él pensaba que estábamos haciendo mal. Mi padre lo escuchó cuidadosamente y luego dijo: “Jim, tú no entiendes. Cómo verás, estoy criando niños y no vacas”.  Tras la muerte de mi padre, Jim nos contó su historia. Cuán agradecido estuve por un padre quien decidió criar niños y no vacas. A pesar de los errores, aprendimos cómo trabajar en esa pequeña granja y, supongo, que aunque ellos no lo dijeron en muchas palabras, siempre supimos que éramos más importantes para mamá y papá que las vacas o, en todo caso, cualquier otra cosa.

Ciertamente, en cada hogar a todos los miembros de la familia se les puede dar responsabilidades que podrán estar dentro de sus habilidades el cumplirlas y, al mismo tiempo, enseñarles la satisfacción y la dignidad del trabajo.

El tercer punto es que los padres tienen el derecho de enseñar los principios morales y espirituales a sus hijos.  En ese aspecto permítanme citar lo siguiente de la Escritura moderna:

“Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión o en cualquiera de sus estacas organizadas, y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos, al llegar a la edad de ocho años, el pecado será sobre la cabeza de los padres” (D&C 68:25).

En su primera conferencia al congreso de los Estados Unidos, el presidente Gerald Ford declaró esta verdad universal: “Si nosotros podemos hacer efectivo… el uso de la sabiduría moral y ética de los siglos en la compleja sociedad de hoy, prevendríamos más crimen y corrupción que todos los policías y acusadores… alguna vez podrían disuadir”. Y él agregó: “Éste es un trabajo que debe ser iniciado en casa, no en Washington”. (Christian Science Monitor, 28 Ago. 1974).

En el artículo previamente mencionado, el Sr. Shannon dice: “Nada ha invalidado la sabiduría de la moral, ganada con esfuerzo, que la humanidad ha acumulado desde los tiempos bíblicos. El matar, robar, mentir o codiciar los bienes ajenos aún conduce a la víctima y al acusador a varios grados de miseria … ‘No cometerás adulterio’ puede sonar pasado de moda, pero reformulado en términos contemporáneos –‘No hagas pedazos la vida familiar de otra persona’, todavía lleva un valioso mensaje”.

Asimismo, él señala las virtudes de abnegación y anticipación. Así como los jóvenes mayores aprenden los hechos sobre sexo, él dice que no les haría daño aprender a usar el autocontrol.

“Una cierta cantidad de frustración y tensión se puede soportar –y con buen efecto.  Sólo los modernos estadounidenses”, dice él, “consideran que la frustración está en una clasificación más alta que el cólera dentro de la escala de aflicciones humanas”. (Reader’s Digest-revista en inglés, mayo 1972, pp. 189–90.)

Esos son sólo tres de los muchos principios que se deberían resaltar dentro del marco de la familia y el hogar.

La siguiente pregunta es: ¿Cómo logran esto los padres? Para los miembros de la Iglesia (comúnmente llamada la Iglesia Mormona), el punto en el cual la capacitación y la comunicación se inician en la familia, es la noche de hogar familiar. Se reserva la noche del lunes para la familia sin que nada interfiera. El padre toma el mando así como también los otros miembros de la familia hacen preparaciones y participan. Lo que se dice o se hace depende de las necesidades de cada familia en particular. La Iglesia publica algunas pautas para ayudar a los padres a enseñar a la familia los principios morales y religiosos y hacer que los apliquen en su vida diaria.

La Iglesia también ofrece alguna ayuda especial al padre no miembro que esté interesado en establecer algún tipo de actividad similar. Cerca de usted viven misioneros de tiempo completo y de medio tiempo (conocidos simplemente, o llamados misioneros mormones), que han sido capacitados para saber cómo realizar una noche de hogar familiar. Ellos serán felices de demostrarle este programa en su hogar sin ninguna obligación de su parte. Este es un servicio de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (nuevamente, llamada también la Iglesia Mormona) la cual está preparada para ofrecer a las familias en cualquier lugar. Lo único que pedimos es que toda la familia esté presente, especialmente el padre o la cabeza del hogar, ya que él es la clave para el programa.

Naturalmente, estos jóvenes misioneros también están preparados para enseñar a su familia los principios del Evangelio de Jesucristo en las siguientes visitas.  Pero si usted no desea continuar, esa será su decisión.  Por lo menos se le dejará un programa que muchos que no son miembros de esta Iglesia lo han adoptado por ser beneficioso para la familia y el hogar.

Algunos líderes empresariales también han visto el programa de la noche de hogar familiar y lo han recomendado a sus empleados.  Los empleados trabajan mejor cuando las cosas van bien en casa.

Que el Señor pueda bendecirnos como padres para darnos cuenta de nuestro derecho de ayudar a formular las vidas de nuestros hijos, para enseñarles la dignidad del trabajo y para establecer principios morales y religiosos en nuestros hogares, lo pido en el nombre de Jesucristo. Amén.

 

Regresar a más discursos de los profetas

 

Deja un comentario

Búsqueda


 

La Escritura del día

Y si los hombres vienen a mí, les mostraré su debilidad. Doy a los hombres debilidad para que sean humildes; y basta mi gracia a todos los hombres que se humillan ante mí; porque si se humillan ante mí, y tienen fe en mí, entonces haré que las cosas débiles sean fuertes para ellos.

Éter 12:27

Música

Únase a nosotros en:

  • ¡Chat! ¡Video Chat! ¡Blogs! ¡Foros! y mucho mas!

    ¡Nos vemos en el nuevo sitio
    MormonSUD.ning.com!

Temas populares

Enlaces

Otros enlaces útiles