Creencias mormonas: Artículo de Fe 5
Creemos que el hombre debe ser llamado por Dios, por profecía y la imposición de manos, por aquellos que tienen la autoridad, a fin de que pueda predicar el evangelio y administrar sus ordenanzas.
La reivindicación que hace el mormonismo de que él, y sólo él, tiene la autoridad para administrar el Evangelio de Jesucristo, es parte de lo que lo distingue del resto de la cristiandad y lo convierte en el blanco de desprecio de muchas otras religiones. El sacerdocio es el poder y la autoridad para actuar en nombre de Dios y realizar las ordenanzas del Evangelio y oficiar en la Iglesia de Jesucristo. El mormonismo enseña que esta autoridad tiene su origen en Jesucristo. En el Antiguo Testamento, el sacerdocio fue conferido a Adán y transmitido a través de un linaje patriarcal. En el Nuevo Testamento, el Señor estableció Su Iglesia a través de doce apóstoles, a los cuales Él personalmente confirió el sacerdocio.
Según el mormonismo, la primera Iglesia de Jesucristo sufrió grandes persecuciones y divisiones después de que el Señor resucitado ascendió al cielo. Los apóstoles fueron asesinados o murieron y el sacerdocio ya no estaba en la tierra. La restauración del sacerdocio se llevó a cabo mediante el profeta mormón José Smith. Él recibió muchas visitas angelicales a inicios de 1800, una de las cuales fue de Pedro, Santiago y Juan, de los doce apóstoles originales. Ellos confirieron el sacerdocio a José Smith. Él luego tuvo la autoridad para organizar y oficiar en la Iglesia de Jesucristo, realizar las ordenanzas de salvación, y dar el sacerdocio a otros.
A fin de tener el sacerdocio, uno debe bautizarse y recibir el Espíritu Santo. Entonces, para conferir el sacerdocio, el poseedor del sacerdocio coloca sus manos sobre la cabeza de la persona que va a recibirlo y proclama por el poder de su propio sacerdocio, y en el nombre de Jesucristo, que le confiere el sacerdocio a este hombre (por nombre). Ésta es la única manera de dar el sacerdocio y la autoridad de Dios a otro. Cada poseedor del sacerdocio en la Iglesia Mormona puede seguir un linaje de confirmación de sacerdocio directamente hasta Jesucristo, prueba de la autoridad que ahora tienen.
El mormonismo enseña que todos los que alguna vez poseyeron el sacerdocio han sido llamados de Dios. Muy pocos, como Adán y José Smith, fueron llamados directamente por Dios para ser profetas. Todos los otros son llamados de Dios por profecía, que se da a los miembros del sacerdocio que están oficiando en un grado mayor que el recién llamado a entrar. En la antigüedad, se llamó a algunas personas selectas y el sacerdocio se confirió de padre a hijo en un orden patriarcal. En estos últimos días, la obra del Señor está creciendo rápidamente y todos los que son están guardando los mandamientos y viviendo dignamente para poseer el sacerdocio, son llamados por los líderes del sacerdocio que presiden sobre su congregación.
Las ordenanzas del Evangelio son necesarias para la salvación y deben ser realizadas por un poseedor del sacerdocio. El bautismo, el don del Espíritu Santo y las ordenanzas realizadas en los templos mormones requieren la autoridad del sacerdocio. Nadie puede asumir esta autoridad, sino que debe ser conferida por imposición de manos. Si se realizan sin la autoridad del sacerdocio, entonces no serían válidas ante los ojos de Dios. Asimismo, la prédica del Evangelio se debe hacer con autoridad. El mormonismo envía varios miles de misioneros por todo el mundo cada año. A cada misionero se le ha conferido el sacerdocio. Ellos tienen la autoridad de Dios para predicar el Evangelio de Jesucristo y administrar el bautismo y conferir el Espíritu Santo. Esto no quiere decir que todo creyente está prohibido de compartir el Evangelio con otros; pero, a fin de convertir al mormonismo y ser hallado arrepentido y digno para el bautismo, los misioneros mormones deben enseñar y preparar a la persona. También las mujeres son misioneras y las misioneras tienen toda autoridad para predicar, lo único que no pueden hacer es bautizar o conferir el Espíritu Santo.