Creencias Mormonas: 4to Artículo de Fe
“Creemos que los primeros principios y ordenanzas del Evangelio son: primero, Fe en el Señor Jesucristo; segundo, Arrepentimiento; tercero, Bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; cuarto, Imposición de manos para comunicar el don del Espíritu Santo”
Según la doctrina mormona, la fe es el primer principio del Evangelio de Jesucristo y las bases para una vida cristiana y para la salvación eterna. Las escrituras identifican la fe como una "esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas" (Alma 32:21). En un sentido cotidiano, la fe es el máximo impulsor de la acción. Día a día, las tareas se inician con la fe de que los resultados deseados de esas acciones sucederán, en una relación de causa y efecto. (Lea más sobre la Fe)
Cuando uno desarrolla fe en Jesucristo y comienza a comprender el propósito de la vida mortal, esto dará lugar a un deseo de arrepentimiento. El arrepentimiento es el segundo principio del Evangelio en el mormonismo. El arrepentimiento es necesario para la salvación, “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Toda persona que ha vivido sobre la tierra, con excepción de Jesucristo, ha pecado de alguna manera. Se ha escrito acerca del pecado en las Escrituras como “toda injusticia” (1 Juan 5:17) “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado” (Santiago 4:17) (Lea más sobre el Arrepentimiento)
El mormonismo enseña que el bautismo es la puerta hacia la salvación. Después de la fe y el arrepentimiento, el bautismo es el siguiente paso y la primera ordenanza en el evangelio de Jesucristo. Jesús mandó a sus apóstoles a enseñar y bautizar a todas las naciones. El mormonismo envía miles de misioneros a todo el mundo, a fin de cumplir con este mandamiento. (Lea más sobre el Bautismo)
El mormonismo enseña que el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Trinidad. El Espíritu Santo es un espíritu y no tiene un cuerpo de carne y huesos como Dios el Padre y Jesucristo. A pesar de que él puede estar en un solo lugar a la vez, su influencia puede estar en todo lugar. El propósito del Espíritu Santo es el de dar testimonio de Jesucristo y de toda verdad. Él también es un purificador, que nos hace dignos de regresar a la presencia de Dios. (Lea más sobre el Espíritu Santo)